Transcurre el mes de octubre y todavía las altas temperaturas de estos días no quieren dar paso al frescor del otoño.
Poco después de salir el sol, ya no queremos ni podemos estar bajo sus rayos porque se hacen irresistibles y de tan fuertes, lastiman la piel, irritan y hasta provocan dolores de cabeza.
El calor es insoportable, dicen unos tuneros sudados, y otros, con aires de meteorólogos, aseguran que nunca antes fue así, que lo de este año ha sido superior a otros períodos, y que a este paso nos vamos a quemar.
Entonces, no queda más remedio que recurrir a los aliados que alivian momentáneamente, como dice una tunera calurosa cuando se refiere a pañuelos, sombrillas y abanicos.
Sin quitarle la razón a su original frase, digo que más allá de ellos hay otras formas de aminorar el bochorno de estos largos mediodías.
Una es, lógicamente, mantenerse bajo techo, en locales con aire acondicionado o delante de un ventilador.
Pero, no siempre es posible porque a pesar de las altas temperaturas, los días continúan y la calle nos llama a ir y venir, resolver problemas, trabajar y vivir.
Por tanto, tenemos que adaptarnos y para disminuir los efectos del calor lo mejor es usar cremas solares y protegernos con camisas de mangas largas, sombrillas, gorras y sombreros, tal como han explicado numerosos especialistas.
Lo otro es la ingestión constante de líquidos, fundamentalmente agua, refrescos y jugos naturales, que hidratan las células del organismo y favorecen el funcionamiento de todos los órganos y de manera especial, de los riñones.
Con los niños, especial cuidado. Ellos tal vez no conozcan la incidencia de los rayos ultravioletas en la salud de las personas y los juegos al aire libre en horas cercanas al mediodía se tornan peligrosos.
Además de poner en práctica esas recomendaciones, solo nos queda esperar a que pase el tiempo y que el otoño refresque el sinsabor de los tuneros por las altas temperaturas.







