En pleno siglo
21 los movimientos sociales de algunas naciones todavía insisten en el derecho
de las mujeres al voto en las elecciones regionales o presidenciales, una
posibilidad negada o condicionada, por intereses políticos, religiosos o de
otro tipo que les impide elegir a alguien para que las represente en el
desempeño de una función pública.
A ellas se les limita a la atención a la familia, el
desempeño de los quehaceres hogareños y la obediencia a sus hombres, sin vida
social y mucho menos política.
En Cuba es
diferente porque todas cuentan con las mismas oportunidades que los varones, no
solo para proponer, sino para resultar electas en los comicios parciales o
generales, en atención a sus méritos laborales y en la comunidad en la que
viven.
El archipiélago está a las puertas de nuevos sufragios
para seleccionar a los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular y
es oportuno recordar que las cubanas ganaron esa posibilidad tras un largo
período de reclamos.
Esa fue una de las mayores conquistas de la sociedad de
la primera mitad del siglo XX pues el 10 de enero de 1934, el Gobierno de los
Cien Días aprobó la ley que concedía a las mujeres el derecho a votar, lo que se
hizo realidad en las elecciones de 1936 y Cuba se convirtió en el tercer país
del continente americano en permitir la presencia femenina en los sufragios.
Luego del Triunfo de la Revolución, en enero de 1959,
las mujeres consolidaron sus derechos al voto y a la libre expresión en las asambleas
de nominación de candidatos, que se realizan previamente, y que en esta
oportunidad serán del 4 al 30 de septiembre, en dos mil 386 reuniones.
En la actualidad, una amplia representación se
desempeña como delegadas de las circunscripciones en las que viven o como
integrantes de las Asambleas provinciales y Nacional del Poder Popular.
El 22 de octubre, cuando se desarrollen las elecciones parciales,
en primera vuelta, las féminas protagonizarán una jornada de victorias, muchas
como integrantes de las comisiones electorales y todas sonrientes, con la
seguridad de que eligen por la Patria y dan continuidad a las conquistas de las
féminas.
Ese día todas las que tengan 16 años o más se sentirán
importantes y dichosas, dueñas de su destino y comprometidas con el futuro que
construyan para ellas mismas, sus hijos y nietos.
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